Ruta de las fuentes de Alcañices

Ruta de las fuentes de Alcañices

El municipio de Alcañices se encuentra situado a una distancia de 60 Km de la capital y cuenta con una población de 1.300 habitantes.

Las pedanías que pertenecen al Ayuntamiento de Alcañices son: Alcorcillo, Santa Ana y Vivinera. Pedanías estas que se verán beneficiadas con el aumento del turismo en esta zona.

Las primeras noticias históricas de Alcañices se remontan a finales del siglo XII, principios del siglo XIII, y hacen referencia a la pertenencia de la villa a los Templarios. Alfonso IX de León, concede a los Templarios la encomienda de la tierra de Alcañices, privilegio que en 1255 confirma Alfonso X el Sabio, concediéndola el impuesto de “la martiniega” de las comarcas de Aliste y Alcañices..

Los Templarios hicieron de la villa una plaza fuerte, consolidaron las murallas, edificaron un castillo y construyeron la actual iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la villa, fue sin duda la firma el 12 de septiembre de 1297 del Tratado de Alcañices, por el que se fija la frontera entre España y Portugal, con muy pocas variaciones respecto a la frontera actual.

En los siglos XVI y XVII, la villa se convirtió en marquesado de Alcañices, en esta época se construye el Convento y la Iglesia de los Franciscanos, se reedifica la muralla y se levanta el Palacio de los Marqueses de Alcañices, hoy convertido en residencia de ancianos.

La villa fue fortificada posiblemente en el siglo XIII, las estructuras que hoy permanecen en pie, no pueden ser datadas antes de la segunda mitad del siglo XV. Todo el núcleo urbano fue protegido por un recinto amurallado jalonado por cubos de planta semicircular, de los que solo se conservan cuatro. Además se conservan algunos paños de muralla y el Palacio de los Marqueses, que probablemente fuera la antigua ubicación del castillo o alcázar.

  • El santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Salud, patrona de la comarca de Aliste, fue construido en el año 1542, gracias a las donaciones realizadas a los frailes de la Orden Tercera de San Francisco por Francisco Enríquez de Almansa, hijo de don Juan Enríquez y nieto del primer Conde de Alba y Aliste.
  • Convento de San Franciso, actualmente restaurado y dividido en dos zonas, por un lado la capilla en la que podemos encontrar en el interior a la Virgen de la Salud, patrona de la Comarca Alistana. Y por otro lado el edificio propiamente dicho del convento en el que se encuentra la Biblioteca, la Oficina de Turismo y una sala de reuniones.
  • Recinto amurallado. Fue una villa fortificada que pertenecía a los templarios en 1210 de su castillo y murallas solamente subsisten varios cubos de mampostería, destacando entre ellos la denominada Torre del Reloj. Su recuperación ha llevado Alcañices a conseguir la categoría de Conjunto Histórico del Bien de Interés Cultural.
  • El palacio de los marqueses de Alcañices, en lo alto de la villa se encuentra, de austera y noble fachada en la que campean las armas de la familia.

Las fuentes de Alcañices

  • La fuente Valorio situada en la confluencia de dos callejas; la que viene de la Riberica, por detrás del prado del Reglas, y la que nos lleva a la carretera que va a Portugal por Vimioso, justo al lado del arroyo de Valdesejas, río que nace más arriba de Alcorcillo y desagua unos metros antes del puente grande. La fuente está hecha con grandes y pulidas piedras de cantería que forman un cubo, con una abertura, por la cara que da al pueblo, para facilitar la recogida de agua con caldero, cántaro o utensilio adecuado. Hubo un tiempo en el que los alrededores estaban llenos de zarzas, basura y maleza pero en la actualidad se puede acceder a ella fácilmente.
  • Fuente Herrada – Fuenterrada Fue construida en el año 1889, como nos indica la bonita espadaña, de la cual, por los dos caños que la perforan, sale el agua que cae en las dos satinadas piletas, a modo de tersos senos, que al beber a morro nos hacen creer libamos liquido más preciado. Tenía la especial circunstancia de que por un caño manaba agua cristalina y por el otro ferruginosa.
  • El Cañico de Arriba. A unos trescientos metros de la anterior, en sus aguas que discurren por unas piletas, era donde antaño se lavaba la ropa. Es un edificio de piedra, a modo de porche, hecho con columnas y canterías procedentes del antiguo claustro del convento de San Francisco (hoy centro cultural), sitio que ha surtido de pilares y canterías labradas a casas particulares y sitios públicos, dejando al pobre convento mas robado que una cárcel.
  • La Fuente de la Quinta. La Quinta, casa de recreo en el campo, de quien la leyenda dice que fue de los templarios (monjes-soldados, señores feudales, dueños de todo el territorio), siendo sus alrededores una huerta fabulosa, donde casi no afectan las heladas, era la zona más productiva del pueblo. La fuente consiste en un caño que sale de la peña, y el agua discurre por pequeños canales tallados en sillería. En la fuente, observando las piedras, se puede adivinar que había una gran bóveda que posiblemente cubría todo el entorno y formaba un lugar precioso donde debía ser una delicia, lo sigue siendo, leer un libro oyendo cantar el agua.
  • El Cañico de Abajo. Restaurado recientemente, en él podremos también observar columnas y canterías del claustro. El agua sale de una roca labrada a mano. No se tiene conocimiento de que la fuente se haya secado jamás. Tiene, al igual que el Cañico de Arriba, piletas para el mismo uso y forma del lavado.
  • La Fuente de los Caños, con una bonita espadaña de piedra de granito con un pilón en el que vierten dos caños. El agua llega por un pequeño acueducto desde el alto de la Atalaya y sale lateralmente a un pilón. del agua de esta fuente es muy fina, limpia y cuece muy bien los garbanzos; no es vano es conocida como la fuente buena.
  • La Fuente de los Burros que tiene el mismo formato que la de Valorio. El barrio por el que transcurrimos estaba muy poblado, encontrándose en la actualidad casi vacío, debido al descenso, en casi un 80%, de la población. Esta fuente era cuidada por los dueños de una taberna que había a su lado, la Señora Dominga “La Cana” y su marido, Pepe “Cascajo”. Con sus riñas a los malos usuarios conseguían mantenerla limpia y, a pesar de de caño o chorro, potable.